Salud

¿Moreno y Juventud van ligados?

La salud de la piel y su capacidad para cumplir con sus funciones protectoras son condiciones vitales para nuestro bienestar, pero su aspecto es igualmente importante -si no más- para un amplísimo numero de personas en este planeta. Y lo que se considera atractivo está sujeto a considerable subjetividad.

Pensemos por ejemplo en el color de la piel, que depende principalmente de la melanina, un pigmento marrón producido en la epidermis por los melanocitos. Todo el mundo tiene aproximadamente el mismo número de melanocitos; lo que varia entre una persona de piel clara y otra de piel oscura es la cantidad de melanina que producen.

La herencia principal factor que determina la cantidad de melanina producida por los melanocitos de cualquier individuo. Durante siglos el hombre ha buscado la forma de alterar lo que determina la herencia, y hace ya mucho tiempo que los intentos de aclarar o oscurecer la piel forman parte de los tratamientos de belleza.

En el siglo XXI muchas personas de origen europeo consideraban que la tez pálida era un rasgo deseable, pues indicaba la pertenencia a la clase acomodada, que no necesitaba trabajar al sol. Las mujeres llegaron a tomar arsénico arriesgándose a enfermar y morir para adquirir la tan deseada palidez. Entre algunas poblaciones de tez oscura de diversos lugares del mundo las sustancias que blanquean o aclaran la piel siguen gozando de popularidad. Quienes no pueden permitirse tales productos o desean resultados mas rápidos y espectaculares recurren a veces a cremas importadas ilegalmente que contienen esteroides, o bien preparan sus propios abrasivos.

Durante el siglo XX, a medida que las ciudades fueron creciendo y el ámbito de trabajo se trasladó a recintos cerrados, la palidez fue asumiendo otras connotaciones. La piel bronceada pasó a ser signo de ocio, y en 1929 la modista coco Chanel anunció que las chicas “debían” estar bronceadas.

En junio del 2000, con la creciente inquietud por la salud y el aumento de los casos de melanoma, la revista Women´s Wear Daily insistía en la necesidad de usar cremas con filtro solar, porque “antes helará en el infierno que escasearán los cuerpos tostándose en las playas”.

La moda impone estar moreno, pero tener un aspecto joven también es deseable en ciertos círculos (aun cuando se sabe que el proceso del bronceado acelera el envejecimiento de la piel).

A medida que envejecemos, la piel pierde la capacidad de retener la humedad; la dermis pierde elasticidad y su colágeno se estira, y las líneas de expresión se hacen más profundas.

Para contrarrestar estos efectos, los consumidores de todo el mundo se gastan miles de millones de dólares al año en productos para el cuidado de la piel, sin contar cosméticos ni tratamientos faciales. Las mujeres son las principales clientas, pero últimamente la publicidad también va dirigida a los hombres y a chicas cada vez mas jóvenes. El mensaje es el mismo para todos: prevenir los signos de la edad.  Para combatir las arrugas, hidrátese la piel. Lávese bien, pero sin sustancias agresivas. Use antioxidantes absorbibles, como las vitaminas A,C y E, que contrarrestan el daño de los radicales libres generados por la exposición al sol y al envejecimiento natural. Y las toxinas del humo del tabaco aceleran el envejecimiento celular.

Pero muchas personas ansían obtener resultados más espectaculares que los que se consiguen con las sensatas medidas. Actualmente los estadounidenses se gastan más de 300 millones de dólares al año en inyecciones de botulina, una toxina producida durante la segunda guerra mundial por el programa de armas biológicas de Estados Unidos, que paraliza temporalmente los músculos faciales e impide ciertos gestos habituales, como fruncir el ceño, que contribuyen a marcar la arrugas y líneas de expresión. Se calcula que en 2001 se administraron con botulina (conocida con el nombre comercial de Botox).

Con semejantes tratamientos, la cara de cada individuo deja de ser la historia de su vida para convertirse en la medida de su vanidad y de su cuenta bancaria.  Aunque es legitimo aspirar a tener mejor aspecto, las arrugas no son algo que se deba curar. La sabiduría, el carácter y la experiencia deberían reflejarse en un rosto.